La del once “Jota” | Llevate todo (2024)

Lee atentamente el siguiente relato:

La del once “Jota”
Elsa Bornemann

Cuesta creer que una abuela no ame a sus nietos, pero existió la viuda de R., mujer perversa, bruja del siglo veinte que sólo se alegraba cuando hacía daño. La viuda de R. nunca había querido a ninguno de los tres hijos de su única hija. Y mucho menos los quiso cuando a los pobrecitos les tocó en desgracia ir a vivir con ella, después del accidente que los dejó huérfanos y sin ningún otro pariente en océanos a la redonda.
Durante los años que vivieron con ella, la viuda de R. trató a los chicos como si no lo hubieran sido. ¡Ah… si los había mortificado! Castigos y humillaciones a granel. Sobre todo, a Lilibeth -la más pequeña de los hermanos- acaso porque era tan dulce y bonita, idéntica a la mamá muerta, a quien la viuda de R. tampoco había querido -por supuesto- porque por algo era perversa ¿no?
Luis y Leandro no lo habían pasado mejor con su abuela, pero -al menos- sus caritas los habían salvado de padecer una que otra crueldad: no se parecían a la de Lilibeth y -por lo tanto- a la vieja no se le habían transformado en odiados retratos de carne y huesos.
El caso fue que tanto sufrimiento soportaron los tres hermanos por culpa de la abuela que -no bien crecieron y pudieron trabajar- alquilaron un departamento chiquito y allí se fueron a vivir juntos. Pasaron algunos años más.
Luis y Leandro se casaron y así fue como Lilibeth se quedó solita en aquel 11 “J”, contrafrente, dos ambientes, teléfono, cocina y baño completos, más balconcito a pulmón de manzana.
Lili era vendedora en una tienda y –a partir del atardecer- estudiaba en una escuela nocturna.
Un viernes a la medianoche –no bien acababa de caer rendida en su cama– se despertó sobresaltada. Una pesadilla que no lograba recordar, acaso. Lo cierto fue que la muchacha empezó a sentir que algo le aspiraba las fuerzas, el aire, la vida. Esa sensación le duró alrededor de cinco minutos inacabables. Cuando concluyó, Lilibeth oyó –fugazmente- la voz de la abuela. Y la voz aullaba desde lejos:
-Lilibeth… Pronto nos veremos… Liiilibeeeth.. Liliii… Liliii….
La jovencita encendió el velador, la radio y abandonó el lecho. Indudablemente, una ducha tibia y un tazón de leche iban a hacerle muy bien, después de esos momentos de angustia.
Y así fue.
Pero –a la mañana siguiente- lo que ella había supuesto una pesadilla más comenzó a prolongarse, aunque ni la misma Lili pudiera sospecharlo todavía. Las voces de Luis y Leandro –a través del teléfono- le anunciaron:
-Esta madrugada falleció la abuela… Nos avisó el encargado de su edificio… sí… te entendemos… Nosotros tampoco, Lili… pero… claro… alguien tiene que hacerse cargo de… Quedate tranquila, nena… Después te vamos a ver… Sí… Bien… Besos, querida.
Luis y Leandro visitaron el 11 “J” la noche del domingo. Lilibeth los aguardaba ansiosa.
Si bien ninguno de los tres podía sentir dolor por la muerte de la malvada abuela, una emoción rara –mezcla de pena e inquietud a la par- unía a los hermanos con la misma potencia del amor que se profesaban.
-Si estás de acuerdo, nena, Leandro y yo nos vamos a ocupar de vender los muebles y las demás cosas, ¿eh? Ah, pensamos que no te vendrían mal algunos artefactos. Esta semana te los vamos a traer. La abuela había comprado TV-color, licuadora, heladera, lustradora y lavarropas ultra modernos, ¿qué te parece?
Lilibeth los escuchaba como atontada. Y como atontada recibió –el sábado siguiente- los cinco aparatos domésticos que habían pertenecido a la viuda de R., que en paz descanse.
Su herencia visible y tangible (La otra, Lili acababa de recibirla también, aunque… ¿cómo podía darse cuenta?… ¿quién hubiera sido capaz de darse cuenta?)
Más de dos meses transcurrieron en los almanaques hasta que la jovencita se decidió a usar esos artefactos que se promocionaban en múltiples propagandas, tan novedosos y sofisticados eran. Un día superó la desagradable impresión que le causaban al recordarle a la desamorada abuela y –finalmente- empezó con la licuadora. Aquella mañana de domingo, tanto Lilibeth con su gato se hartaron de bananas con leche.
A partir de entonces comenzó a usar –también- la lustradora… enchufó la lujosa heladera con freezer… hizo instalar el televisor con control remoto y puso en marcha el enorme lavarropas. Este aparato era verdaderamente enorme: la chica tuvo que acumular varios kilos de ropa sucia para poder utilizarlo. ¿Para qué habría comprado la abuela semejante armatoste, solitaria como habitaba su casa?
A lo largo de algunos días, Lilibeth se fue acostumbrando a manejar todos los electrodomésticos heredados, tal como si hubieran sido suyos desde siempre. El que más le atraía era el televisor color, claro. Apenas regresaba al departamento –después de su jornada de trabajo y estudio- lo encendía y miraba programas de trasnoche. Habitualmente, se quedaba dormida sin ver los finales. Era entonces el molesto zumbido de las horas sin transmisión el que hacía las veces de despertador a destiempo. En más de una ocasión, Lili se despertaba antes del amanecer a causa del “schschsch” que emitía el televisor, encendido al divino botón.
Una de esas veces –cerca de la madrugada de un sábado como otros- la jovencita tanteó el cubrecama –medio dormida- tratando de ubicar el control remoto que le permitía apagar la televisión sin tener que levantarse.
Al no encontrarlo, se despabiló a medias. La luz platinosa que proyectaba el aparato más su chirriante sonido terminaron por despertarla totalmente. Entonces la vio y un estremecimiento le recorrió el cuerpo: la imagen del rostro de la abuela le sonreía –sin sus dientes- desde la pantalla. Aparecía y desaparecía en una serie de flashes que se apagaron de pronto tal como el televisor, sin que Lilibeth hubiera –siquiera- rozado el control remoto. A partir de aquel sábado, el espanto se instaló en el 11 “J” como un huésped favorito.
La pobre chica no se animaba a contarle a nadie lo que le estaba ocurriendo.
-¿Me estaré volviendo loca? –se preguntaba, aterrorizada. Le costaba convencerse de que todos y cada uno de los sucesos que le tocaba padecer estaban formando parte de su realidad cotidiana.
Para aliviar un poquito su callado pánico, Lilibeth decidió anotar en un cuaderno esos hechos que solamente ella conocía, tal como se habían desarrollado desde un principio.
Y anotó –entonces- entre muchas otras cosas que…
“La lustradora no me obedece; es inútil que intente guiarla sobre los pisos en la dirección que deseo…(…) El aparato pone en acción “sus propios planes”, moviéndose hacia donde se le antoja…(…) Antes de ayer, la licuadora se puso en marcha “por su cuenta”, mientras que yo colocaba en el vaso unos trozos de zanahoria. Resultado: horrendas sorpresas (…) Encuentro largos pelos canosos enrollados en los alimentos, aunque lo peor fue abrir el freezer y hallar una dentadura postiza. La arrojé por el incinerador…(…) La desdentada imagen de la abuela continúa apareciendo y desapareciendo –de pronto- en la pantalla del televisor durante las funciones de trasnoche…(…) Mi gato Zambri parece percibir todo (…) se desplaza por el departamento casi siempre erizado (…) Fija su mirada redondita aquí y allá, como si lograra ver algo que yo no (…) El único artefacto que funciona normalmente es el lavarropas… (…) Voy a deshacerme de todos los demás malditos aparatos, a venderlos, a regalarlos mañana mismo… (…) Durante la siesta dominguera, mientras me dispongo a lavar una montaña de ropa…”

(AQUI CONCLUYEN LAS ANOTACIONES DE LILIBETH ABRUPTAMENTE, Y UN TRAZO DE BOLIGRAFO AZUL SALE COMO UNA SERPENTINA DESDE EL FINAL DE ESA “A” HASTA LLEGAR AL EXTREMO INFERIOR DE LA HOJA.)

Tras un día y medio sin noticias de Lili, los hermanos se preocuparon mucho y se dirigieron a su departamento.
Era el mediodía del martes siguiente a esa “siesta dominguera”.
Apenas arribados, Luis y Leandro se sobresaltaron: algunas vecinas cuchicheaban en el corredor general, otra golpeada a la puerta del 11 “J”, mientras que el portero pasaba el trapo de piso una y otra vez.
-No sabemos qué está pasando adentro. La señorita no atiende el teléfono, no responde al timbre ni a los gritos de llamado… Desde ayer que…
Agua jabonosa seguía fluyendo por debajo de la puerta hacia el corredor general, como un río casero.
Dieron parte a la policía. Forzaron la puerta, que estaba bien cerrada desde adentro y con su correspondiente traba. Luis y Leandro llamaron a Lili con desesperación. La buscaron con desesperación y –con desesperación-comprobaron que la muchacha no estaba allí.
El televisor en funcionamiento –pero extrañamente sin transmisión a pesar de la hora- enervaba con su zumbido.
En la cocina, “la montaña” de ropa sucia junto al lavarropas, en marcha y con la tapa levantada.
Medio enroscado a la paleta del tambor giratorio y medio colgando hacia fuera, un camisón de Lilibeth; única prenda que encontraron allí, además de una pantufla casi deshecha en el fondo del tambor.
El agua jabonosa seguía derramándose y empapando los pisos.
Más tarde, Luis ubicó a Zambri, detrás de un cajón de soda y semioculto por una pila de diarios viejos. El animal estaba como petrificado y con la mirada fija en un invisible punto de horror del que nadie logró despegarlo todavía (se lo llevó Leandro).
El gato, único testigo. Pero los gatos no hablan.
Y a la policía, las anotaciones del cuaderno de Lilibeth le parecieron las memorias de una loca que “vaya a saberse cómo se las ingenió para desaparecer sin dejar rastros”… “una loca suelta más”… “la loca del 11 Jota”… como la apodaron sus vecinos, cuando la revista para que yo trabajo me envió a hacer esta nota.

Actividades

1. ¿Cuál es el hecho inexplicable? ¿Por qué es un hecho inexplicable?
2. Busca fragmentos que demuestren los elementos que producen incertidumbre en el lector.
3. ¿Quiénes protagonizan la historia?
4. Describe el desenlace de la historia ¿Es feliz o nefasto? ¿Por qué?
5. Marca cuál o cuáles son los temas que más se relaciona con el cuento leído.
6. Justifica con un fragmento.

a) Presencia de fantasmas.
b) La metamorfosis o transformaciones.
c) Mezcla entre realidad y sueño.

7. Completa el cuadro, justificando cada columna con fragmentos del texto.

Personajes sobrenaturalesAmbienteHecho extraordinario

8. Busca en el texto y copia:

a) La descripción de la abuela.
b) La descripción del lugar donde se desarrollan los hechos.
c) La descripción del momento donde comenzaron las apariciones.

9. ¿Qué datos importantes podría revelar Zambri, el gato de Lilibeth, si pudiera contarnos lo que ocurrió en ese departamento a la hora de la siesta aquel domingo?
Renarra las últimas horas de “La del once Jota” desde la perspectiva de su mascota. (Hazlo en primera persona) No olvides explicar por qué las anotaciones de la jovencita quedan inconclusas

Otras Actividades

1. Escribe en la carpeta el verdadero o falso de las frases siguientes:

a) Luis y Leandro se casaron y la hermana Lilibeth se quedó sola.
b) La más pequeña de los hermanos fue la que más sufrió.
c) Ninguno de los tres hermanos sintió la muerte de la abuela.
d) Una noche, Lilibeth vio la imagen de la abuela muerta. Una imagen sin dientes de su cara apareció en el televisor.
e) Lilibeth encuentra una dentadura postiza en la congeladora.
f) La historia la escribe alguien que trabaja en una revista.
g) El único testigo de las cosas que pasaron fue el gato.

2. Describe los personajes del cuento y sus características (los que los tengan). ¿Qué relación tenían los chicos con la abuela del cuento?
3. ¿Por qué causa empiezan los eventos extraños para Lilibeth? ¿Qué cosas le provocan terror a la chica? ¿Por qué puede ser?
4. Lilibeth tiene un sueño premonitorio: ¿Qué es una premonición? ¿Tuviste alguna que puedas contar?
5. ¿Podemos predecir el final del cuento? ¿A partir de qué frases, pistas, te parece? Cítalas o coméntalas.
6. ¿Cómo se logra conocer lo que le sucedió a Lilibeth en el cuento?
7. ¿Por qué se llama así el cuento? ¿Quién o quiénes parecen anunciar la frase?
8. Escribe una historia con fantasma/s al estilo de Elsa Bonermann.

Otras Actividades

1- Identificá en el cuento y escribí dónde transcurre la acción y en qué época.
2- Nombrá los personajes que aparecen en el cuento.
3- ¿Es un cuento de terror o uno policial? Explicá por qué crees que es de Terror o policial, según la respuesta que hayas elegido.
4- Si tuvieras que escribir un artículo para un diario sobre lo que le sucedió A lilibeth, ¿qué título le pondrías?
5- Luego de haber intercambiado en clase sobre el miedo de la protagonista a lo sobrenatural, júntense con una compañera o un compañero y conversen acerca de los momentos en que los personajes del cuento sienten terror y cómo lo expresan. Luego, tomen nota sobre lo conversado.
6- ¿Cuál es el hecho inexplicable? ¿por qué? Conversen y tomen nota.
7- Buscá en el texto y transcribí:

  • La descripción de la abuela.
  • La descripción del lugar donde se desarrollan los hechos.

8- Completá :

En todo el relato hay ………………… párrafos.
En el primer párrafo hay ………………… oraciones.
El tema del primer párrafo es ………………………………………

9- Qué elementos agregarías para que este cuento se transforme en género policial.

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